Feliz año nuevo 2022

¡Y ya estaría! Conforme este año tan intenso va llegando a su fin, nosotros celebramos un 2022 con esta delicada abstracción especialmente creada por Júlia Esqué para Mobles114.

La obra de la diseñadora barcelonesa es de todo menos fácil de definir; siempre sugerente y cautivadora. En su práctica siempre muestra su afición por todos los materiales y soluciones disponibles que hay por explorar.

Siempre moviéndose entre el ámbito conceptual y el aspecto más funcional del diseño, su trabajo ahonda en un amplio abanico de áreas de investigación, desde la ergonomía hasta las texturas, como demuestra en algunos de sus diseños de mobiliario.

Desde su estudio en Barcelona, la diseñadora se interesa por la relación entre los objetos y sus últimos usuarios: nosotros, las personas. Por otra parte, se ha dedicado al estudio del color y la experimentación con estampados en sus últimos trabajos.

Es simplemente eso, esa habilidad para fluir; para estar abiertos a cualquier tipo de proyecto apasionante que el futuro pueda traer consigo lo que nos hace sentirnos tan optimistas de cara a este año que entra.

Desde Mobles114, queremos desearte un feliz Año Nuevo.

El Pabellón de la República

El racionalismo arquitectónico de Sert, los emotivos lienzos de Miró o Picasso y la calidez hecha mobiliario de Torres Clavé sirvieron como medio de propaganda política y establecieron las bases de un movimiento moderno que alcanzó su reconocimiento en el exilio.

La Exposición Universal de París duró un corto lapso de tiempo: se inauguró el 25 de mayo de 1937 y se clausuró el 25 de noviembre de ese mismo año. Dentro de aquel espacio diáfano, se respiró por un segundo una escultural calma ante el inminente caos que acechaba Europa.

El pabellón de 1937

En otoño de 1936, en pleno estallido de la Guerra Civil, el gobierno de la Segunda República consideró indispensable su participación en la Exposición Universal de París, debido al enorme potencial de propaganda que tenía dicho evento y para así poner a España como un referente en cuanto a arte, arquitectura y diseño.

En la Plaza del Trocadéro, a los pies de la Torre Eiffel, el 27 de febrero de 1937 se ponía la primera piedra del que se convertiría en todo un icono arquitectónico y un símbolo del movimiento moderno español: el Pabellón de la República, obra de Josep Lluís Sert y Luis Lacasa. El pabellón, comisariado por el filósofo José Gaos, tenía dos firmantes: por un lado Josep Lluís Sert, un destacado discípulo de Le Corbusier y fundador del GATCPAC (Grupo de Arquitectos y Técnicos Catalanes para el Progreso de la Arquitectura Contemporánea), y por el otro Luis Lacasa, miembro del Partido Comunista e impulsor de la Alianza de Intelectuales Antifascistas para la Defensa de la Cultura.

Si bien Lacasa era afín a la arquitectura regionalista, Sert lo era al racionalismo. Debido a los cortos plazos que se barajaban para la construcción del pabellón, la idea de Lacasa, basada en la construcción con ladrillo, fue desechada para dar paso a la propuesta de Sert, que partía de una construcción “en seco” mediante módulos prefabricados. Además, por si fueran pocas las limitaciones de tiempo e inversión, el plan de construcción debió adaptarse a un terreno irregular con pendiente y tuvo la obligación de respetar los árboles existentes.

Aquel edificio de 1.400 metros cuadrados con planta libre, concebido por sus arquitectos como un contenedor vacío, se erigió como un símbolo de innovación y talento, acogiendo el trabajo de los artistas e intelectuales más destacados de aquella España. Los escritores Max Aub y José Bergamín, el cartelista y fotomontador Josep Renau, el cineasta Luis Buñuel, los escultores Alberto Sánchez y Julio González, los pintores Hernando Viñes, Joan Miró y Pablo Picasso y el arquitecto Josep Torres Clavé, con una muestra de su depurado mobiliario, dieron forma, imágenes y palabras a lo que en España estaba sucediendo.

Si bien desde el primer momento la organización del evento pidió a Picasso su colaboración, garantizándose así el éxito y la repercusión pública, este acabó siendo quién demoró la inauguración. El Guernica, considerado después como el gran icono de la pintura española del siglo XX, tenía en el pabellón un lugar clave. Situada en una de las paredes del patio, en la planta libre, Sert y Lacasa habían dispuesto las columnas que apuntalaban el edificio de tal forma que ninguna impidiese ver la totalidad del cuadro.

En la parte central del patio también se encontraba la Fuente de Mercurio, obra de Alexandre Calder, el único artista extranjero que participaba en el pabellón. En la misma zona, y cubierta con una lona que hacía la función de auditorio, se encontraban dispuestas varias butacas de madera con respaldo de cuerda diseñadas en 1934 por Josep Torres Clavé y que actualmente producimos en Mobles114.

El edificio actual

Con motivo de los Juegos Olímpicos de 1992, el Ayuntamiento de Barcelona encargó a los arquitectos Antoni Ubach, Miquel Espinet y Juan Miguel Hernández León la realización de una réplica del pabellón. Esta construcción, que respeta el proyecto original, está ubicada en el barrio barcelonés de Vall d’Hebron, siendo actualmente sede del CRAI, uno de los archivos-biblioteca más importantes del mundo sobre la Segunda República, la Guerra Civil, el exilio, el franquismo y la transición española.

La butaca Torres Clavé

Como un pequeño homenaje al legado del arquitecto y diseñador Josep Torres Clavé y a este diseño que lleva años acompañándonos y formando parte de nuestro catálogo de Clásicos, la fotógrafa Jara Varela recoge en esta colección la belleza de la butaca inspirada en los “cadirats” populares ibicencos en diferentes rincones del pabellón, tal y como debió de ser vista por los visitantes en 1937.

Torres Clavé, cofundador junto con Antoni Bonet del MIDVA (Muebles y Decoración para la Vivienda Actual), dominaba la búsqueda del confort, hecho que se hace patente en este diseño que combina la devoción por la artesanía con un ejercicio racional de ergonomía y proporciones.

Imágenes: Jara Varela

Teixidors equipa sus oficinas y espacios polivalentes de la mano de Stefano Colli y Mobles 114

Tras tres décadas de historia y gran éxito comercial en el sector textil, la marca catalana sigue apostando por el compromiso social. Más de una treintena de personas con diversidad funcional trabajan en los telares manuales, produciendo piezas únicas en un entorno en el que se respira esmero y cariño por el trabajo artesanal de calidad. A esta iniciativa social también se ha querido sumar diseño y materias primas naturales, apostando por la sostenibilidad.

Reformado previamente por la cooperativa de arquitectura arqbag, este edificio modernista proyectado en el año 1916 destaca nuevamente por la labor de equipamiento de las oficinas y espacios polivalentes a manos del arquitecto e interiorista Stefano Colli y Mobles 114.

Colli defiende que el diseño y la arquitectura pueden “transformar y mejorar las pequeñas cosas, los espacios, los lugares, a las personas y sus hábitos”.  Este hecho se refleja a la perfección en los locales de Teixidors en Terrassa, donde sus espacios diáfanos reciben con gusto los diseños funcionales de Mobles 114.

El interiorismo es también, según Colli, una forma más de comunicar, lo cual se pone de manifiesto en su selección de mobiliario para los interiores de Teixidors. Las sillas Tube, con espíritu industrial y líneas relajadas, encajan a la perfección en todos los ambientes gracias a su versatilidad. Con un cuerpo sólido de líneas puras, la mesa Pey protagoniza los espacios de las oficinas, donde también encontramos el funcional sistema de almacenaje Tria revistiendo sus paredes. También en su entorno de trabajo podemos encontrar las sillas Green Eco, producidas con material 100% reciclado y 100% reciclable procedente de residuos industriales. La geometría poligonal y el grabado en altorrelieve del asiento le confieren un aspecto absolutamente original, mientras que su carácter sostenible resuena con los valores de la firma Teixidors.

En el taller destacan también las formas modernas y el espíritu tradicional del taburete Luco. Podemos encontrar piezas de mobiliario funcional en cada esquina, como el perchero Hulot o la papelera Riga, que combinan bien en todo el conjunto. Las formas escultóricas de la silla Om Textil y la mesa Oxi bistrot aportan equilibrio y una nota de color a un espacio donde la protagonista es la luz que entra por los amplios ventanales y donde predominan los tonos de la madera.

El nuevo interiorismo de Teixidors respira creatividad gracias al mobiliario original de Mobles 114, que le confiere una identidad propia en un espacio industrial donde la atención y el gusto por los detalles contribuyen a crear una atmósfera cálida y agradable para sus empleados.

Imágenes: Meritxell Arjalaguer

Tierra de arcillas x Mobles 114

Tierra de arcillas es un proyecto que nace para crear, desde el origen del proceso, piezas y objetos de cerámica.

Un proyecto humilde, que precisamente por su sencillez, busca una forma de entender el mundo más honesta, más arraigada al territorio. Por esto nos hace partícipes del proceso de investigación, de búsqueda de materiales y de su transformación a partir de las tierras originarias del río Andarax de Almería.

El resultado es una cuidada selección de arcillas, texturas y colores diferentes que hacen una colección única que nos une desde la tierra a la mesa y a la comida a través de la cerámica.

Conocedores de este proyecto, desde Mobles 114, nos queríamos unir a esta forma de hacer y por esto hemos pedido a Tierra de arcillas que nos diseñaran un jarrón para desea un buen verano 2021.

Esperamos que os guste.

Totem by Martín Azúa

 

Jugando con la quietud estática de un tótem, el movimiento basculante de un tentetieso y la percusión en un mortero, Martín Azúa ha diseñado este objeto ‘stabile/mobile’ (palabra robada de la obra de Alexander Calder): Tótem.

 

Después de trabajar durante muchos años con Azúa, desde Mobles 114 sabíamos que este diseñador vasco era la persona ideal para diseñar esta pieza. Este reconocido autor tiene la asombrosa capacidad de convertir los materiales con los que trabaja en objetos únicos a través de los cuales las formas y la naturaleza penetran en los espacios que los contienen.

 

Tótem se encargó con la intención de ser exhibida en una de las estanterías Tría expuestas en el stand del Salone del Mobile 2019 en Milán. Se trata de una edición limitada, que se ha fabricado en madera de nogal americano.

 

Pero no es la primera vez que Azúa diseña una pieza de este estilo. A lo largo de su carrera, el diseñador ha dado vueltas a este mismo concepto creando varias versiones de morteros y tótems.

 

De hecho, sería interesante indagar un poco más en esta especie de obsesión que tiene el autor por este tipo de esculturas, y ver por qué se da este continuo retorno hacia el trabajo de esta clase de objetos.

Para la creación de Tótem, Azúa ha diseñado una colección conformada por tres modelos distintos que tienen tanto una función decorativa, como funcional: sirven como morteros para moler especies, pigmentos, vegetales o semillas, entre otras cosas.

 

No es la primera vez que Martín Azúa trabaja para Mobles 114. Durante los últimos años este diseñador afincado en Barcelona ha trabajado para el catálogo de la marca en varias ocasiones, diseñando el taburete Luco o la silla Rambla.

 

Defensor de la artesanía, Azúa se interesa por el trabajo con distintos materiales, respetando siempre sus características y texturas para dar énfasis a su origen.

 

Azúa conserva en sus obras lo sublime de lo natural, destacando sus propiedades, su evolución y sus rasgos. Y con sus diseños, el autor consigue introducir un pellizco de naturaleza al ambiento urbano en el que la mayoría de nosotros estamos sumidos.

 

Su trabajo se caracteriza por la incorporación de la experimentación en el proceso del diseño, participando muchas veces con artesanos o productores, y reivindicando la reflexión social y el respeto hacia la cultura artesanal en sus obras. Porque, según Azúa, ‘la artesanía es una actitud de búsqueda de la calidad’, y esto se refleja en todos los trabajos que realiza el autor.

Las obras del diseñador vasco abarcan varias categorías: ha diseñado desde mobiliario, iluminación, u objetos que cuentan con un lenguaje claramente identificable. Un lenguaje propio, que se proyecta tanto en sus diseños más funcionales, como en los diseños de objetos más abstractos, llenos de poesía, y no exentos de un refinado sentido del humor.

Desde el año 2007 su proyecto “Basic House” forma parte de la colección permanente en el MOMA de Nueva York. Además, también expone varias piezas en la colección del Museo del Diseño de Barcelona y en distintas colecciones públicas y privadas.

Martín Azúa ha sido reconocido por su trabajo con el Premio Ciudad de Barcelona 2000, el Premio Delta de Plata 2007, el Premio FAD de Arquitectura / Efímeros 2008, el Premio Design Plus 2009, el Premio Interiorismo Plus 2009, el Premio AD mejor diseñador del año 2010, el Premio Delta de Plata 2011 / y el Premio a la Mejor Trayectoria Nacional de la Revista Interiores 2015, entre los más destacados.