El Pabellón de la República

El racionalismo arquitectónico de Sert, los emotivos lienzos de Miró o Picasso y la calidez hecha mobiliario de Torres Clavé sirvieron como medio de propaganda política y establecieron las bases de un movimiento moderno que alcanzó su reconocimiento en el exilio.

La Exposición Universal de París duró un corto lapso de tiempo: se inauguró el 25 de mayo de 1937 y se clausuró el 25 de noviembre de ese mismo año. Dentro de aquel espacio diáfano, se respiró por un segundo una escultural calma ante el inminente caos que acechaba Europa.

El pabellón de 1937

En otoño de 1936, en pleno estallido de la Guerra Civil, el gobierno de la Segunda República consideró indispensable su participación en la Exposición Universal de París, debido al enorme potencial de propaganda que tenía dicho evento y para así poner a España como un referente en cuanto a arte, arquitectura y diseño.

En la Plaza del Trocadéro, a los pies de la Torre Eiffel, el 27 de febrero de 1937 se ponía la primera piedra del que se convertiría en todo un icono arquitectónico y un símbolo del movimiento moderno español: el Pabellón de la República, obra de Josep Lluís Sert y Luis Lacasa. El pabellón, comisariado por el filósofo José Gaos, tenía dos firmantes: por un lado Josep Lluís Sert, un destacado discípulo de Le Corbusier y fundador del GATCPAC (Grupo de Arquitectos y Técnicos Catalanes para el Progreso de la Arquitectura Contemporánea), y por el otro Luis Lacasa, miembro del Partido Comunista e impulsor de la Alianza de Intelectuales Antifascistas para la Defensa de la Cultura.

Si bien Lacasa era afín a la arquitectura regionalista, Sert lo era al racionalismo. Debido a los cortos plazos que se barajaban para la construcción del pabellón, la idea de Lacasa, basada en la construcción con ladrillo, fue desechada para dar paso a la propuesta de Sert, que partía de una construcción “en seco” mediante módulos prefabricados. Además, por si fueran pocas las limitaciones de tiempo e inversión, el plan de construcción debió adaptarse a un terreno irregular con pendiente y tuvo la obligación de respetar los árboles existentes.

Aquel edificio de 1.400 metros cuadrados con planta libre, concebido por sus arquitectos como un contenedor vacío, se erigió como un símbolo de innovación y talento, acogiendo el trabajo de los artistas e intelectuales más destacados de aquella España. Los escritores Max Aub y José Bergamín, el cartelista y fotomontador Josep Renau, el cineasta Luis Buñuel, los escultores Alberto Sánchez y Julio González, los pintores Hernando Viñes, Joan Miró y Pablo Picasso y el arquitecto Josep Torres Clavé, con una muestra de su depurado mobiliario, dieron forma, imágenes y palabras a lo que en España estaba sucediendo.

Si bien desde el primer momento la organización del evento pidió a Picasso su colaboración, garantizándose así el éxito y la repercusión pública, este acabó siendo quién demoró la inauguración. El Guernica, considerado después como el gran icono de la pintura española del siglo XX, tenía en el pabellón un lugar clave. Situada en una de las paredes del patio, en la planta libre, Sert y Lacasa habían dispuesto las columnas que apuntalaban el edificio de tal forma que ninguna impidiese ver la totalidad del cuadro.

En la parte central del patio también se encontraba la Fuente de Mercurio, obra de Alexandre Calder, el único artista extranjero que participaba en el pabellón. En la misma zona, y cubierta con una lona que hacía la función de auditorio, se encontraban dispuestas varias butacas de madera con respaldo de cuerda diseñadas en 1934 por Josep Torres Clavé y que actualmente producimos en Mobles114.

El edificio actual

Con motivo de los Juegos Olímpicos de 1992, el Ayuntamiento de Barcelona encargó a los arquitectos Antoni Ubach, Miquel Espinet y Juan Miguel Hernández León la realización de una réplica del pabellón. Esta construcción, que respeta el proyecto original, está ubicada en el barrio barcelonés de Vall d’Hebron, siendo actualmente sede del CRAI, uno de los archivos-biblioteca más importantes del mundo sobre la Segunda República, la Guerra Civil, el exilio, el franquismo y la transición española.

La butaca Torres Clavé

Como un pequeño homenaje al legado del arquitecto y diseñador Josep Torres Clavé y a este diseño que lleva años acompañándonos y formando parte de nuestro catálogo de Clásicos, la fotógrafa Jara Varela recoge en esta colección la belleza de la butaca inspirada en los “cadirats” populares ibicencos en diferentes rincones del pabellón, tal y como debió de ser vista por los visitantes en 1937.

Torres Clavé, cofundador junto con Antoni Bonet del MIDVA (Muebles y Decoración para la Vivienda Actual), dominaba la búsqueda del confort, hecho que se hace patente en este diseño que combina la devoción por la artesanía con un ejercicio racional de ergonomía y proporciones.

Imágenes: Jara Varela

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