El diseño honesto de la lámpara Fil

Si cada edificio cuenta una historia sobre la ciudad en la que se ha construido, cada lámpara pone de manifiesto la relación que el diseñador tiene con la luz.

Fil, el diseño que concibió Álvaro Siza Vieira en 1991, un año antes de alzarse con el premio Pritzker, evidencia cómo el arquitecto entiende la luz como un elemento más a la hora de diseñar. En sus obras, Siza considera la ubicación o la forma de las aperturas del edificio en relación con las necesidades del espacio, una idea que parte de la reflexión que defendía Frank Lloyd Wright sobre la belleza de un edificio sin ventanas.

Esta forma de entender la luz en todo su espectro, como si de un material o elemento de construcción más se tratase, lo extrapola Siza a la pequeña escala con la lámpara Fil, presentando un diseño sencillo que pone el centro de atención en la función para la que ha sido diseñada: iluminar.

Es así como el arquitecto presenta una funcional lámpara de sobremesa, fabricada en acero inoxidable y con una estructura mínima, despojada de ornamentos e inspirada en la evolución de los antiguos candiles metálicos que incorporaban una pantalla para evitar deslumbramientos.

Compuesta por los elementos esenciales que conforman una lámpara eléctrica —un soporte, el cable eléctrico con la bombilla y una pantalla—, Siza firma este diseño radicalmente honesto que forma parte del catálogo de clásicos de Mobles114.

Años más tarde, en 2017, el arquitecto Eduardo Souto de Moura recordaría, como si de un capítulo de In Praise of Shadows de Tanizaki se tratase, cómo la lámpara evocaba sus primeros recuerdos en relación con la luz: “Antes de que hubiera electricidad, en la casa de mis abuelos había lámparas que funcionaban con aceite, cuya llama estaba protegida de frente por una placa rectangular. El resultado fue una luz indirecta reflejada en la pared, hecho que siempre ha complacido al arquitecto Álvaro Siza.”


Antes de haver luz eléctrica, havia em casa dos meus avós umas lamparinas que funcionavam com azeite, e cuja chama era protegida frontalmente por uma placa rectângular. O resultado era uma luz indirecta reflectida na parede, facto que agradou desde sempre ao Arqº Álvaro Siza.

Siza, parte sempre para um desenho novo a partir de algo anterior, pré-existente, adequando-o à circunstância actual, com materiais, sistemas construtivos e linguagens diferentes. Siza, tal como na arquitectura, não desenha o “novo” no vazio, mas redesenha sempre qualquer coisa que se perdeu e tem que ser ajustado ao nosso tempo, à nossa cultura, daí o candeeiro Helena, daí a base da leve estrutura em aço, ser um H.

Porto, 20 de Março de 2017

Eduardo Souto de Moura


Imágenes: Jara Varela (1), Meritxell Arjalaguer (3)

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