Albert Romagosa
Inside Stories

Visitamos a Albert Romagosa en su espacio de creación, un entorno donde la calma y la inspiración conviven y dan vida a su universo creativo.
El estudio de Albert Romagosa, situado en pleno barrio del Eixample de Barcelona, es un espacio de trabajo donde el diseño y el pensamiento conviven con una naturalidad que transmite paz. Claro y luminoso, el estudio ofrece calma gracias a una arquitectura que articula los espacios entre transparencia y opacidad, permitiendo que la luz tamizada dibuje los volúmenes. Esta atmósfera serena no se consigue únicamente a través del espacio, sino también gracias a una selección precisa de muebles y objetos que dialogan sin estridencias: un diseño que se muestra con discreción —casi invisible— y que pone el foco en lo esencial.

Es aquí donde Albert desarrolla sus proyectos, abordando cada encargo con una mirada analítica que busca la síntesis justa. Para él, el diseño es una herramienta de reflexión y resolución, capaz de evitar soluciones repetitivas y de dotar cada propuesta de una personalidad propia.
El resultado es un espacio que va más allá de lo que entenderíamos como un simple estudio: un laboratorio creativo donde el orden, la claridad y el pensamiento se convierten en forma. Incluso el olor es uno de los elementos que contribuyen a ese bienestar que nos acoge al entrar en el estudio. Os invitamos a adentraros en este lugar donde el diseño se entiende como una actitud, un proceso y una manera de mirar.

¿Cuáles son las disciplinas artísticas que más te interesan?
Me siento muy atraído por el arte, especialmente por el lenguaje de los artistas visuales; supongo que por eso intento que, cada vez más, mi trabajo se relacione con ello. La arquitectura me fascina. No puedo vivir sin música: en el estudio suena todo el día. El cine me ha enganchado de una forma exagerada en los últimos tres años, y la cocina es mi hobby. Cocinar es un acto de amor genuino; la cocina es profundamente creativa.
Cuéntanos cómo de importantes son tus referentes (que no sean de diseño gráfico) cuando inicias un encargo.
Al inicio de un proyecto siempre tengo muy presente su contexto. Eso te propone un marco de juego en el que el proyecto vivirá y con el que tendrá que relacionarse. A veces trabajas buscando el contraste, otras no. En el caso de las publicaciones es un poco diferente: me gusta empezar pensando en el objeto (formato, peso, materiales, encuadernación, etc.). Eso determinará un contexto propio y, a partir de ahí, es el propio objeto el que te va indicando qué encaja y qué no. Una parte invariable de mi proceso de trabajo, sea cual sea el encargo, es una implicación total y absoluta en el proyecto, intentando entender a fondo su realidad.
Al abrir un libro, revista, catálogo, etc., ¿qué es lo primero que haces: mirar, oler, escuchar, acariciar?
Fijarme en las dimensiones, el peso y cómo se abre. Como os comentaba, me interesa mucho la parte física de los libros y cómo se relacionan con la morfología y la anatomía de las manos.

¿Por qué has querido trabajar especialmente con el diseño editorial?
Precisamente porque las publicaciones tienen un componente volumétrico, así como una narrativa secuencial que permite al diseñador aportar algo de sí mismo, dejar algo ahí.
¿Cuál es tu relación con la naturaleza y cuál con la ciudad, y cómo se refleja en tu trabajo?
Con la naturaleza es menos de lo que me gustaría, pero siento una llamada. Me gusta pensar que mi trabajo tiene un hilo conductor relacionado con lo telúrico, pero soy un urbanita en toda regla.
Este estudio es relativamente nuevo. Explícanos el proceso de búsqueda del espacio, cómo afrontaste el diseño del espacio y los objetos que lo habitan.
Aquí antes había un laboratorio de prótesis dental. Eran seis o siete habitaciones, de distintos tamaños, con hornos, escritorios… Al ver los pilares, se hizo evidente que todo eso podía derribarse y empezar de cero. El proyecto lo hicimos a seis manos: con mi padre en la parte más técnica y con Albert Brito, del despacho Ofici: arquitectura, en la parte más formal y de acabados. A ambos les estaré eternamente agradecido. Esta experiencia fue muy importante para mí, porque nunca había trabajado con mi padre y tampoco teníamos la mejor relación del mundo. Hacer este proyecto juntos (y también con Albert, que aportaba el contrapunto) nos acercó mucho, hemos empezado a entendernos mejor.

¿Eres fetichista con los objetos?
No, pero si encuentro un libro que llevo tiempo buscando, no puedo evitar comprarlo. También me gustan mucho las velas y las lámparas.
Por último, una pregunta un tanto extraña: ¿qué puedes decirnos de Fahrenheit 451 (Ray Bradbury, 1953) — la temperatura a la que arden los libros, 232,8 ºC?
Lo primero que me ha venido a la cabeza no es la novela, sino la película de Truffaut: los títulos de crédito son una maravilla.

Cinco preguntas breves
¿Qué es para ti el aburrimiento?
Una asignatura pendiente.
¿Cuál es tu palabra predilecta?
¡Esa es una pregunta que acostumbro a hacer yo a la gente!
¿Qué no soportas?
Las exigencias sin argumentario.
¿Qué es un momento de paz para ti?
Ir a buscar setas.
¿Mar o montaña?
¡Montaña! Pero no le digo que no a los caprichos del mar.

Créditos
Edición: Anna Vila-Homs
Fotografía: Meritxell Arjalaguer
Traducción: Anna Vila-Homs
Espacio: Studio Albert Romagosa


